Se viene turra.
Desde hace tiempo escucho religiosamente las recomendaciones semanales de Spotify.
Descubrimiento semanal, novedades… lunes y viernes como quien hojea el periódico.
Me gusta ese sistema: no tanto por lo nuevo, sino por lo que encaja conmigo aunque no esté de moda.
Hace quince días me recomendaron una canción.
Voz femenina, bonita, con sentimiento.
Ritmo pausado. Vientos suaves, coros, bombo y caja lentos.
Nada grandilocuente. Todo en su sitio. Un idioma que me sonaba pero no identifiqué.
Me pareció interesantísima.
La he escuchado durante quince días.
En bucle. Sin cansarme.
Eso ya es decir algo en tiempos de consumo nervioso y skip automático.
Este fin de semana, en un viaje largo en autobús, me puse los auriculares y repasé todo lo que tenía publicado la artista.
Un buen rato después, bastante satisfecho, decidí investigar quién era.
Y aquí viene el giro de guion.
No existe.
No es una cantante.
Es un colectivo en Rumanía que hace música generada con IA.
Y de repente todo se recoloca.
No la música, que me sigue pareciendo buenísima
sino el marco.
La autoría. La intención.
La relación que yo creía estar estableciendo con alguien que, en realidad, no está.
No me sentí engañado en caliente.
Pero sí incómodo.
Como cuando te das cuenta de que has estado hablando solo… y alguien estaba tomando notas.
Y se me abren muchas preguntas.
La primera:
¿Llegará el día en que la IA lleve el mando real de la producción musical, no como herramienta sino como sujeto?
La segunda:
¿Es legítimo que plataformas como Spotify promocionen música generada por IA sin avisarte de qué estás escuchando?
No para prohibirla.
Para situarla.
Porque no es lo mismo escuchar una canción sabiendo que hay una persona detrás, con su biografía, su cansancio, su torpeza, con todas sus cagadas inherentes a la producción artística. No es lo mismo que hacerlo creyendo que la hay… cuando no.
La emoción que sentí era real. La música funcionó.
Pero ahora me pregunto:
¿qué parte de esa emoción tiene que ver conmigo proyectando humanidad donde no la hay? Joder...
No tengo respuestas cerradas. No quiero discursos apocalípticos ni tecnofílicos. Solo sé que algo se ha movido. Y me deja un pelín entre roto y descolocado.
Quizá el debate no sea si la IA puede hacer música.
Eso ya lo está haciendo.
El debate es si queremos relacionarnos con ella como si fuese alguien. Os leo.
De verdad.
Porque esta vez no vengo a sentar cátedra, sino a pensar en voz alta.
Feb 2, 2026 08:48Creo que es normal que te guste porque está hecha para que te guste. Pero es como la comida basura: satisfacción inmediata que pagas en el largo plazo. Porque, dejando aparte discursos ecologistas, lo malo de la IA es que se come el mercado artístico.
Y sin mercado para rentabilizar la obra, no podrá haber artistas. Al menos no artistas relevantes, a menos que sean rentistas, lo cual sesga bastante la creación.
Y la IA puede ocupar huecos de mercado, pero no de creación artística, de innovación, porque lo único que hace es copiar.
Detrás de la música que escuchaste hay personas (un colectivo Rumano)diciéndole a la IA lo que quieren, cambia esto, afina allí, etc. Si lo miras como un instrumento más no chirría tanto. Podría hacer música gente que no sabe música pero tiene algo que decir.
Creo que nos están quitando la opción de elegir. ¿Qué pasa si sólo quiero escuchar música hecha por personas? O mirar un cuadro, una ilustración. Quiero arte, no un producto.
Creo que se sitúa en el siguiente marco: hace ya un tiempo que tengo la sensación de que no hay nada nuevo. Hace mucho que no escucho y pienso “esto no lo he oído antes”. Así, recopilar lo que existe y generar con ello algo que encaja bien es difícil de distinguir de lo que hace ya alguna gente
No me parece lícito que no aclaren si es música hecha con IA, el usuario es libre de elegir pero sabiendo, me parece un engaño.
Personalmente no quiero escuchar nada artificial, creo que la música es una de las cosas más humanas y valiosas que tenemos, no quiero que nos arrebaten eso.